Claudia Acuña 22 septiembre, 2016

Alan Lomax (31 de enero de 1915 – 19 de julio de 2002), fue un importante etnomusicólogo estadounidense, considerado como uno de los más grandes recopiladores de canciones populares del siglo XX.

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Fue hijo del también etnomusicólogo John Lomax, con quien desde los 22 años, comenzó su carrera grabando temas cantados por los esclavos negros de Texas, Louisiana y Misisipi. Se graduó en filosofía en la Universidad de Texas y Austin, y trabajó posteriormente en varios proyectos para la Biblioteca del Congreso (Library of Congress) de Estados Unidos. Desarrolló su propio sistema para analizar canciones, que llamó cantométrica, donde principalmente trataba de encontrar las relaciones entre la sociología y el corpus musical, las formas del canto y los medios de producción de las comunidades.

Dedicó la mayor parte de su vida a viajar por el mundo a recoger con su grabadora muestras del folklore musical de países como España (a pesar de la oposición del régimen de Franco), Italia, Irlanda, India o Rumanía. También lanzó a la fama a varios intérpretes de blues como Muddy Waters, LeadBelly, Woody Guthrie, Jerry Roll Morton o Jeannie Robertson. Participó en varios programas de radio y series de televisión, y jugó un papel importante en el “renacimiento” del folk (folk revival) que tuvo lugar en los años 50 y 60 en EE. UU. e Inglaterra.

Ganó el prestigioso premio Nacional Book Critics Circle Award en 1993 por su libro The Land Where the Blues Began, donde exponía la historia de los orígenes del blues. Murió en Florida, a los 87 años, y un año más tarde recibió un póstumo Grammy en reconocimiento a su vida y a su aportación a la música.

Alan Lomax dedicó su vida a grabar melodías de la música folklórica del mundo antes de que desaparecieran por siempre con el advenimiento de la moderna industria de la música y de la sociedad de consumo de masa en general. Un ejemplo en cuanto a la importancia de sus grabaciones de la música de Extremadura, España, donde residió largo tiempo: en el álbum dedicado a esa región, se encuentran las únicas grabaciones que se conservan del folclorista Manuel García Matos interpretando melodías de flauta y tamboril. Extremadura, concretamente la provincia de Cáceres, fue una de las etapas que este americano de Texas cubrió en su gira europea en el año 1952. España despertaba en esos momentos un gran interés en las élites culturales de norteamericana, ya que aún conservaba vivos los testigos del viejo mundo ya en desaparición por una incipiente globalización. Lomax recordó siempre una estancia de una noche compartiendo chozo con un pastor en Las Villuercas, que tañía un rabel, un instrumento prácticamente medieval, y que recitaba aprendidos por tradición oral viejos cantares relativos a Carlomagno. (De: Cecilio Venegas BLOG GUIRIS POR EXTREMADURA)

 

 

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El documental  «Lomax, el Buscador de Canciones».

Este trabajo del año 2004, fue realizado por el holandés Rogier Kappers, acerca del trabajo del etnomusicólogo estadounidense Alan Lomax, por algunas de las rutas recorridas por éste en busca de canciones y cantores.

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En el documental LOMAX THE SONGHUNTER, (Lomax, el buscador de canciones), el director Rogier Kappers sigue la ruta que Lomax emprendió por el continente americano y más allá de esa frontera, viajando a lejanas aldeas de España e Italia, escuchando la memoria musical de agricultores, pastores y tejedores cuyas canciones Lomax había logrado grabar décadas antes de este documental.

La película cuenta también la historia de Lomax, entrevistando algunos de sus amigos, además de usar grabaciones de archivo de otros representantes de la música, y de traer una colección de filmaciones en campos de algodón, canteras y cárceles donde Alan Lomax capturó la música de los EEUU por excelencia.

El director holandés, no sólo tuvo la genial idea de volver a recorrer esos lugares, sino que encuentra a las mismas personas que Lomax había grabado en su juventud y les hace escuchar aquellas viejas grabaciones. Entonces, los espectadores no podemos que maravillarnos viendo esas caras iluminarse al reconocer sus voces y rememorar aquellas ocasiones en las que Lomax llegaba a cada pueblo. En imágenes de archivo, el mismo Lomax dice que cuando hacía escuchar sus grabaciones a los campecinos que las habian interpretado para él, «todo cambiaba para ellos.» La mayor fortaleza del conmovedor trabajo del cineasta holandes décadas después, está justamente en recrar esos poderosos momentos de reconocimiento de la parte de la historia que esa gente «común» tenía para contar, y de que como el mismo Alan Lomax afirmó, ellos eran musicalmente tan buenos como cualquier otro intérprete.

En un viejo Volkswagen, Rogier Kappers viaja por esas rutas del mundo rural que Lomax recorrió más de medio siglo antes, desenterrando el verdadero sentido del trabajo de este etnomusicólogo, (Anne Bothwell, Dallas Morning News) como contagiado por el mismo entusiasmo de aquella primera aventura.

Vale como inmenso tributo a un hombre que se propuso demostrar que hasta la melodía mas desconocida desde el rincón mas lejano del planeta, tenía más méritos para ser escuchada que la última sensación del tan sobrevaluado y altisonante pop moderno. (Cary Darling, Fort Worth Star-Telegram ).  Tributo a un hombre que preservó amorosamente el legado de aldeanos de Escocia a Italia, de España a Texas para que la humanidad supiera de su existencia.

Lomax realizó una contribución de diez mil grabaciones de campo para el cancionero mundial. No hay otra colección comparable de música popular en el mundo. La atesora la Biblioteca del Congreso de los EE UU.

En la siguiente escena del trailer, estos son sólo algunas de los aldeanas que encontró en la España de los años 50. Se trata de Manuela Lema Santos, por ejemplo, quien ya en el siglo 21 vuelve a escuchar la grabación que hizo para Lomax. Cuando ese musicólogo habia llegado a Galicia, escribió «El empleado comunal nos dijo que las tres mejores cantoras de la región se habían mudado recientemente allí. Me llevó a una casa que era como un montículo de piedra y llamó a Manuela.  Allí en el sucio granero, estaba parada una joven mujer, andrajosa, con un niños en los brazos. Manuela hizo llamar a sus dos hermanas….Maricucha se soltó en uno o dos versos, y luego levantó la cabeza y de su garganta salió un agudo lamento en falsetto que encendió la canción.»

 

 

 

 

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