Claudia Acuña 13 febrero, 2016

“La música è la nostra vera terra”
Claudio Abbado, director de orquesta

Navidad, fin de año. Se cuentan los días para la llegada del Carnaval. En la aldea natal el aire empieza a oler a fiesta y un emigrante italiano, obrero en Johannesburg desde hace 3 décadas, lo puede sentir como cuando era niño. Es el llamado a volver por unos dias al terruño, a la tarantella y a la pasión por su acordeón.

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Del artículo de Andrea Fantucchio para la revista «orticalab»

«*Nicola dejó Montemarano cuando tenia 29 años y desde entonces, cada año, vuelve a Montemarano para el Carnaval, evento en el cual todos conocen su acordeón. Él es uno de los testigos vivientes de un sentido de pertenencia que todavía se nutre ávidamente de la fuente de las tradiciones y las costumbres, que junto con el vino y la tarantella son el alma y la sangre circulando por las venas de este pueblo. Estamos hablando de un tejido social que se vio duramente desangrado por las migraciones transoceánicas.»

Un pueblo fundamentalmente agrícola que produce justamente vino, además de castañas y aceite de oliva. Pero así como fue importante que con la guerra las familias buscaran sustento a otros continentes, también se necesita una condición para mantenerse unidos.

«El carnaval es esa condición y sublimación de la unión. En Montemarano, en este periodo del año, el Dios Carnaval cumple un sortilegio que transforma cada callecita, cada habitación y cada habitante del barrio irpino inmune al paso del tiempo y a sus dinámicas. Por tres días todo se detiene y en ese recorte anacrónico que logran tallar esa fiesta y esos ritmos frenéticos de la tarantella, se anula cada convención, para asi lograr que en el torbellino de este juego de roles cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, cada color se amalgame dando vida a un nuevo cuadro.

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La imagen de este carnaval es la de una pintura que aunque no pueda separarse de sus matices particulares, termina inevitablemente por representar todas las tonalidades. No es difícil entonces imaginar que ser hijos directos de esta magia pueda hacer que personas como Nicola, se sientan unos privilegiados: «yo le agradezo al Padreterno por cada mañana que nací, ante todo, italiano y luego Montemaranese. Es difícil explicarlo a quien no es de aquí: pero cuando mi hicieron análisis, me encontraron sangre y Tarantella. No pasa un día sin que yo escuche el clarinete o el acordeón o sin que yo piense en el Carnaval».
Sin embargo, a pesar del gran vinculo visceral con esta tierra, Nicola vuelve sólo en este periodo sin excepción. « O vuelvo en Carnaval o no vengo para nada. San Giovanni, nuestro patrono, me tiene que disculpar, pero mi fiesta es ésta. Nunca falté. En estos días hay algo especial: un atmósfera, un olor que siento solo en este período y que me trae denuevo a casa. Cuando comienza a oscurecer se genera algo que no me puedo explicar, pero cada vez me pongo a llorar de la alegría. Es una magia que te hace estar bien contigo mismo y con los demás, te sentís más bueno. Cuando estoy aquí para el Carnaeval, me olvido de todo, y si en cambio me quedo allí, en Johannesburg en este periodo, me escondo, no quiero escuchar a nadie. Me siento muy mal fisicamente y nisiquiera mi mujer puede hablarme. Ella a esta altura ya se acostumbró, y ya desde Navidad empieza a preguntarme si tengo lso pasajes. Yo empiezo a contar los días que faltan ya desde una semana después del cierre del Carnaval. En navidad empiezo a sentir el aire de fiesta, el aire de casa».

Mientras habla, hay una mecha en los ojos que se enciende cuando oye la palabra tarantella : «Para mi la Tarantella es gozo. Enpecé a tocar el acordeón cuando tenia 18 años, como autodidacta, y siempre lo hice como “se me daba las ganas”. Por otro lado no podía ser de otra manera: cuando toco, cierro los ojos y aunque estè entre las demás personas que cantan y bailan, termino siempre por aislarme. Cuando era joven tomaba “la fisarmonica” en la mano y la ponía cerca de mi cama, era como mi única mujer. Estuve comprometido con una muchacha por 9 años y ya se hablaba en ese momento de matrimonio. Pero un día hubo una pelea, entonces vino y me pidió que eligiera. Lo recuerdo como si fuera ayer, sus gritos: “ Yo o la fisarmonica.” Me dio un poco de tiempo para pensar y yo lo pensé por dos semanas. Despues me dije: «el acordeón me dio tantas satisfacciones, nunca se quejó, siempre hizo lo que yo quería». Asi que le comuniqué mi elección y me fui a Africa. Desde entonces el acordeón lo toco materialmente solo una vez al año, en Carnaval, pero vuelvo a vivir sus melodías todos los dias».

En casa, los niños escuchaban Tarantella apenas empezaban a caminar, hacian los primeros pasitos, se respiraba tarantella. Hoy para los jóvenes el Carnaval es como ir en discoteca. Todo es bullicio, el sonido de unos tapan lo otro. Antes era solo tamburo, fisarmonica y clarinete. Ni hablar de la relación con el otro sexo: el Carnaval era esperado con ansia porque a medida que la música procedía, un podía dejar ir todas las inhibiciones que te frenaban durante el resto del año y al fin te podías acercar a esa chica o chico que deseabas hace mucho sin tener el coraje de decírselo. Conozco mucha gente que se conoció en Carnaval y hoy están aun felizemente casados»

Muchos carnavales sobre los hombros, difícil elegir uno. Nicola lo intenta igual: «El que recuerdo con mas placer, el de 1978: yo tocaba con mi amigo Giacomino. Aquella vez todo el pueblo montemaranese se reunió como un batallón único de máscaras y música, una marea de gente que avanzaba compacta, toda amuchada. Había mas de 3000 personas disfrazadas y agrupadas según un pañuelo distintivo. Un espectáculo único, que hoy seria irrepetibile». «

Gracias Andrea por hacernos conocer esta bella historia del carnaval de Montemarano que algún día queremos vibrar en vivo!

*Link al articulo original por Andrea Frantucchio en «orticalab»

http://www.orticalab.it/S-Giovanni-m-adda-scusa-ma-io

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