berni 7 abril, 2015

Mañana los hambrientos de mi amor serán satisfechos
pues cruzaré la aldea con el rostro descubierto y los cabellos al viento

Este poema, en realidad un canto improvisado y anónimo que las mujeres afganas entonan en la intimidad del camino a la fuente o en las ceremonias matrimoniales, es un ejemplo de la recopilación de landays que el poeta afgano Sayd Bahodín Majruh reunió en su libro «El suicidio y el canto» y que la poeta y traductora catalana Clara Janés ha traducido al español y ha publicado en Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.

Ella se topó con la recopilación en una librería de París y él había logrado salvar un ejemplar, traducido al francés, antes de ser asesinado en la ciudad paquistaní de Peshawar por radicales islamistas.EL SUICIDIO Y EL CANTO

El valor de la obra radica, sobre todo, en la demostración que subraya de la dignidad de la mujer afgana, de su rebeldía y de su protesta ahogada contra el fundamentalismo de la sociedad en la que vive.

Los poemas de sólo dos versos, denominados landays, que entonan las afganas son el último testimonio antes del suicidio de su disconformidad con un código de honor, el pastún, que las maltrata y humilla, es el último recurso, el último grito de libertad.

«Las mujeres cantan en los landays al amor extra conyugal porque las obligan a casarse, normalmente, con viejos o con niños a quienes llaman el pequeño horrible por los malos tratos que les infligen. Se oponen a la férrea ley de su sociedad y al machismo enarbolando el amor extra conyugal, el verdadero amor, a pesar del riesgo de la muerte», explica Clara Janés.

Y es que una mujer afgana puede ser lapidada si es descubierta entonando uno de estos poemas, dedicados siempre a sus amantes.

La pasión y la sexualidad son tabú en las sociedades pastunes (etnia mayoritaria en Afganistán), pero las mujeres se rebelan contra esa prohibición del amor sincero a través de los landays. Al mismo tiempo, se burlan de sus maridos, sobre todo, si no defienden el honor o no luchan como héroes en la guerra para la defensa de la patria.

«Los landays están compuestos -subraya Clara Janés- por mujeres analfabetas que los cantaban antes de la invasión soviética. Han permanecido ocultos, aunque seguían cantándose, y supongo que en algún momento se darán a conocer.

Aún es muy peligroso. Se trata de cantos muy intensos, sobre todo los recopilados por Majruh. También hay landays entonados por hombres, pero son mucho más flojos que los de las mujeres porque ellas lo arriesgan todo. Los landays intensos y cargados de verdad de las mujeres afganas hablan del amor enfrentado a la muerte. Hay uno que dice:

Dame la mano, amor mío, y partamos a los campos
Para amarnos y caer juntos bajo las cuchilladas».

Otro de los cantos que evidencia el riesgo de morir en Afganistán por mantener una relación amorosa fuera del matrimonio dice:

¡Rápido, amor mío, quiero ofrecerte mi boca!
La muerte ronda por la aldea y podría llevárseme»

Clara Janés asegura que, según Majruh, «los hombres afganos no hacen nada más que hablar de la guerra en las plazas, mientras que las mujeres se encargan de todo, de los hijos, de los campos, la casa, los animales… Es una vida tremenda. Ellas, a través de los poemas, les obligan a cumplir con lo suyo, de modo que, si él no es un héroe, se burlan de él.

Oh, amor mío, si tiemblas tanto en mis brazos,
¿Qué harás cuando el entrechocar de las espadas se convierta en mil relámpagos

«La música con la que entonan los landays es muy parecida a la hindú, aunque la cultura afgana está más próxima a Irán, y no parece tan trágica como lo que están contando porque estos landays traslucen la situación absolutamente inerme de la mujer afgana y, a pesar de esto, demuestran que poseen una fuerza y una valentía increíbles. Es como decir: me tenéis aquí maniatada, pero tengo mi propia autoestima.

La poeta española relata una trágica anécdota que evidencia las muchas veces que las afganas arriesgan sus vidas por amor o por honor. «Durante la invasión soviética hubo un pueblo en el que mataron a todos los hombres. Entonces las mujeres salieron a la calle a enfrentarse con el ejército enemigo. La jefa, Nahid, que capitaneaba esta protesta contra los tanques rusos le dijo al hombre que le apuntaba con el fusil:

Hoy, pequeño cobarde,
puesto que eres incapaz de defender el honor, no eres hombre.
Toma mi velo, póntelo en la cabeza y dame tu arma”.

Inmediatamente la mató, pero es importante subrayar que ella lo había llamado pequeño cobarde como a sus maridos los llaman pequeño horrible y que le retó como acostumbran a hacer en los landays».

Por eso, lo importante de los cantos anónimos de las mujeres afganas es el fondo más que la forma. Clara Janés describe el lenguaje empleado como «bastante coloquial», pero dice que, al escucharlo en pastún, «suena muy poético. La estructura es siempre de dos versos, bastante largos, en los que destaca la melodía y el acento.

Pon tu boca en la mía,
Pero déjame la lengua para que te hable de amor
Hice de mi pecho un lecho
Y mi rendido amante recorre un largo camino hasta mi
Me he embellecido con mi ropa gastada,
Como un jardín florido en una aldea en ruinas.
Mi amante es hinduista y yo musulmana,
por amor barro los escalones del templo prohibido
Ven, como un collar en derredor de mi cuello,
yo te meceré sobre las cúpulas de mis senos.
Las otras se ponen ropas nuevas para la fiesta
yo sigo con el vestido que alberga aún el olor de mi amante

Del libro “El suicidio y el canto” Sayd Bahodín Majruh
Versión de Clara Janés
Ediciones del Oriente y del Mediterráneo

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