Claudia Acuña 16 junio, 2018

*Del articulo de Rodolfo Ricci «IMMIGRAZIONE, EMIGRAZIONE, COOPERAZIONE» para la revista cambiailmondo

Rodolfo Ricci (Federazione italiana emigrazione immigrazione)  12/06/2018.

Cuales son las causas y los efectos de los fenómenos migratorios actuales? En su indispensable artículo que tradujimos, el estudioso de emigración y derechos del trabajador, Rodolfo Ricci propone una posible solución al dilema de las migraciones en el Mediterráneo, dadas las características actuales.

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EMIGRACIÓN O COOPERACIÓN

En un escenario complejo, nuestro país (Italia) presenta las características de una «intersección migratoria» inusual, según la expresión de Enrico Pugliese («Los que se van» – Ed. Il Mulino 2018); en otras palabras, nos encontramos frente a grandes flujos procedentes del sur y este del Mediterráneo hacia los países periféricos de Europa y, al mismo tiempo, con grandes flujos que salen desde el sur y el este de Europa, hacia el norte y centro del continente. El norte prefiere los flujos provenientes de los países periféricos europeos, mientras trata de contener dentro de aquellos (Europa mediterránea y Europa del Este), los provenientes de África y Oriente. La selección específica de flujos migratorios se combina con la división internacional del trabajo. Nos enfrentamos, entonces, a un nuevo escenario que mantiene intacta la lógica de una geopolítica que reformula y generaliza los ingredientes del imperialismo poscolonial, graduando sus efectos de manera inteligente y creando una especie de círculos concéntricos para las masas humanas en movimiento que dependiendo de su valor en términos de competencias y niveles de formación, deben estar contenidos en los suburbios o admitirse e integrarse en los centros que proyectan y dirigen las finanzas y la administración capitalista, de acuerdo con las necesidades de los sistemas de producción recíprocos, para satisfacer las necesidades de un mercado de trabajo cada vez más precario y de un estado de bienestar cada vez más contraído.

Parece tratarse del rediseño de la división internacional del trabajo entre los países avanzados, particularmente entre las economías de mayor o menor grado de financiación y desarrollo tecnologico e industrial: el promedio de la calidad de los flujos migratorios (niveles de educación, competencias, afinidades culturales) debe ser compatible con el lugar reservado para cada país en la nueva división internacional del trabajo. Una dinámica que no solo afecta la relación entre países, sino también la relación entre áreas de países individuales, por ejemplo, norte-sur de Italia o el oeste-este de Alemania.

El resultado es una mezcla explosiva para los países (y territorios) periféricos, que están luchando al mismo tiempo con las llegadas masivas desde los «continentes de la pobreza» y el éxodo masivo de la población joven y altamente calificada, mientras que para los países centrales, se reproduce la antigua y providencial división funcional del mercado laboral con derechos y oportunidades segmentados según el diferente origen y calidad de los bienes de trabajo, limitada solo por la posibilidad económica de valorización que se da en un país o área determinada, en un tiempo determinado. Si los tiempos son desfavorables, se toman medidas para reducir los derechos al estado de bienestar para los recién llegados o incluso la expulsión, incluyendo la posibilidad de poner en tela de juicio los sagrados tratados. En los últimos años, Bélgica ha amenazado a miles de ciudadanos de la Unión Europea con la obligación de dejar el país por representar un «peso excesivo» para su sistema de bienestar. Alrededor de mil italianos. Del mismo modo, varios Laenders (estados confederados) alemanes lo han hecho durante años, mucho antes del Brexit.

En consecuencia, a falta de políticas generales o regionales de re-equilibrio, los efectos de este entramado migratorio, sobre los países y las áreas de origen de los flujos, están destinados a deteriorarse aún más y, inevitablemente, a reproducir y de hecho a intensificar los flujos emigratorios hasta llegar al deterioro o a la destrucción del tejido productivo y social, poniendo en aprietos a los países de salida, pero también a los primeros países de llegada, que en nuestro caso son una vez más los países periféricos del sur y este de Europa.

La desertificación social avanza a pasos agigantados y con gradaciones diferenciadas de una zona a otra; los territorios y ecosistemas afectados por estos éxodos, se van a ver sacudidos por mucho tiempo.

Esta situación, de la que incluso los países que se consideran más fuertes no permanecerán inmunes a largo plazo, solo puede interrumpirse con un cambio radical de los paradigmas y de las razones del intercambio; solo con grandes proyectos de cooperación orientados al desarrollo y recuperación de diferenciales de productividad; solo con un alto a los procesos de acaparamiento de tierras (land grabbing) y de recursos naturales, como también de la descontrolada centralización financiera y capitalista. En definitiva, con la contención y la reconfiguración de los procesos de globalización que ya no puede ser manejada en términos neoliberales.

Ya no hay alternativa, salvo las que apunten a la reinserción social y la redistribución de los recursos dentro de los mismos países, que permita ampliar los respectivos mercados nacionales internos y reducir el ritmo de expropiación de los recursos naturales y humanos; mientras que, en las relaciones entre los distintos países, es esencial volver a razones de intercambio sostenible y equilibrado para que se reduzcan los diferenciales de productividad (o de caida) y se bloquee la desertificación económica y social hacia la cual, de lo contrario, nos dirigimos inevitablemente.

En un deseable proceso de este tipo, que pueden ser determinados solo por una política fuerte, son precisamente los países periféricos del sur de Europa los que, paradójicamente, pueden marcar la diferencia: simplemente porque estos países tendrán que tomar decisiones antes que otros si no quieren arriesgarse a quedar aplastados por la intersección migratoria.

Si el recurso humano calificado es cada vez más el factor central del desarrollo, los países que poseen un exceso de mano de obra calificada -con respecto a su capacidad actual de valorización interna, como los del sur de Europa- deberían adoptar políticas que impidan la salida hacia los países más fuertes, y en cambio, que dirijan al menos una parte de estos flujos hacia las áreas más débiles que carecen de competencias específicas para su desarrollo, lo que puede permitir, al mismo tiempo, un re-equilibrio parcial y, por consiguiente, una reducción del crecimiento de corrientes de inmigrantes incontrolables hacia sus propias fronteras. En otras palabras, se trata de gobernar los proprios flujos de emigración calificada en nuestra región y de guiarlos, al menos en parte, hacia políticas de cooperación internacional. Quién está en el centro del Mediterráneo tiene, desde este punto de vista, una gran tarea.

Si la variable de emigración (en este caso, la del sur de Europa) es un factor estratégico, debemos construir instrumentos adecuados para que no se administre desde el exterior, es decir, desde el mercado libre y sus países rectores, sino que se convierta en un enfoque geopolítico destinado a la cooperación y la democracia económica y, en el contexto involucrado, destinado a la intervención humanitaria, como por ejemplo la que fue probada con éxito en países africanos y latinoamericanos por un país pequeño como Cuba, pobre en recursos naturales, pero no en capital humano , que en varias ocasiones en este sentido ha utilizado a su personal médico y de salud «relativamente en exceso».

El libre derecho a la emigración individual, debe reformularse a la luz de la necesidad de que los territorios «proveedores» de flujo emigratorio, a fin de que recuperen su derecho a la conservación, reproducción y uso interno de sus recursos humanos (y de sus ecosistemas). El derecho humano individual a emigrar debe conjugarse con el derecho humano de no tener que emigrar por la fuerza. Y si tienes que dejar que la gente emigre, vale la pena hacerlo no para enriquecer aún más a los que ya son ricos, sino para ayudar a los más pobres a desarrollarse. A la globalización neoliberal que exige grandes movimientos migratorios masivos a lo largo de una línea que tiende hacia los centros del capitalismo financiero global, se debería responder con un enfoque de globalización de los recursos humanos dirigido al reequilibrio económico, social y ambiental, un enfoque de cooperación internacional generalizada que requiere una guía, un actor, una fuerte subjetividad política e institucional.

La dicotomía «sociedad bondadosa» vs. «sociedad malvada», sociedad abierta vs. sociedad cerrada y otras categorías cómodas y mediocres que se legitiman unas a otras, que nos llevaron a los resultados actuales y en las cuales nos seguimos deteniendo, deberían ser expulsadas del vocabulario de análisis e investigación. Las dinámicas con las que nos enfrentamos no son siquiera más complejas, son bastante simples, evidentes; formarían parte del sentido común si no hubieran sido engañosamente contaminadas por la ideología del neoliberalismo globalizado.

Si, finalmente, como afirman Carlo Levi y Paolo Cinanni, las migraciones modernas también son el resultado de derrotas sociales y políticas, es a partir de ahí que debemos comenzar de nuevo a desenredar la madeja.

Rodolfo Ricci (Federazione italiana emigrazione immigrazione)  12/06/2018

 

*versión original completa:

IMMIGRAZIONE, EMIGRAZIONE, COOPERAZIONE

 

 

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