Claudia Acuña 26 marzo, 2017

Herminia Catalina Brumana (n. 12 de septiembre de 1897 en Pigüé, Argentina – m. 9 de enero de 1954, en Buenos Aires, Argentina) fue una maestra, educadora, escritora, periodista, dramaturga y activista de Argentina, de ideas socialistas y anarquistas.

Con ella, la escritura operó como espacio de reflexión sobre la docencia como profesión. En sus escritos estuvo la preocupación sobre la maestra sin vocación que sólo trabaja por el salario y a quien Herminia llamó la “enseñadora a sueldo”. Sostuvo Herminia que:

“…viven las maestras al margen de toda preocupación social, impermeables a toda inquietud […] Les ha bastado pasar por la escuela normal y salir con su diploma bajo el brazo, para sentirse dueñas y señoras de su misión. La maestra argentina vive aún en la creencia que a ella sólo le incumbe enseñar a leer, a escribir y a hacer cuentas…”

En Tizas de colores, su escrito «Respuesta a una normalista» brinda los siguientes consejos a una futura maestra:

“No sé qué decirle; ¡Hay tantas cosas! Pero por ahora se me ocurre esto: -Ande por la calle y mire viendo […]-Coquetee y tenga novio […] -Cuide su físico y su manera de vestir […] -Cultive un arte (música, pintura), y si no puede, aprenda idiomas. –Lea, lea todo lo que pueda, lo que caiga en sus manos…”
De: Tizas de Colores.

Comienzos de una maestra con mirada social

Herminia Brumana nació en Pigüé, localidad ubicada al sur de la provincia de Buenos Aires, el 12 de septiembre de 1897, en el seno de una familia de inmigrantes italianos. Realizó sus estudios secundarios en la escuela Normal de Olavarría donde se recibió en 1916, volviendo a Pigüé para ejercer el cargo de maestra primaria en su ciudad natal.

En sus recorridos por las escuelas la escritura fue el instrumento para expresar las desigualdades sociales que atravesaban las paredes de la institución escolar en las décadas de 1920 y 1930. Sus relatos expresan una sensibilidad diferente para observar a los niños y por ello, sus intervenciones se alejaban de las prescripciones comunes.

Su escrito Mi alumno predilecto, del libro Mosaico, publicado en 1929, es una muestra de ello:

“Es sucio, es desgreñado. La mamá trabaja fuera del hogar y no le queda tiempo para el hijo éste, que casi siempre esta en la calle. Desatento en clase, no aprende nada. […] Entonces cuando voy a reprenderlo pienso con angustia:-¿habrá comido hoy? […] En casa no le miran los deberes, ni se preocupan que pase de grado. […] Hace unos días que este alumno me trae los deberes. Unos deberes desprolijos en unas hojitas ajadas, con agujeros a fuerza de borrar con el dedo o con la punta del pañuelo. Y para mí, estos deberes son los mejores, los más hermosos que me presentan…”

 

En 1917 Herminia fundó la revista Pigüé y en 1918 publicó su primer libro, orientado a promover la lectura entre sus alumnos, Palabritas. En 1921 conoce al dirigente socialista Juan Antonio Solari con quien se casa, radicándose en Buenos Aires.

Hoy Herminia probablemente aconsejaría a un docente que por atender a las evaluaciones Pisa enviadas por el Ministerio de Educación,  no deje de ver al niño. Este que sigue es el  excelente aporte del Pablo Pineau, Profesor y Doctor en Educación (UBA), sobre esta gran mujer. Aqui lo tenemos de orador en una excelente conferencia sobre Herminia.

Cabeza de mujer

Se desempeñó como maestra en diversas escuelas del Gran Buenos Aires y de la Capital Federal. En 1923 publica su segundo libro, Cabeza de mujeres, definido por Herminia Solari como «un libro sobre la mujer dirigido a las mujeres», tema principal de su literatura y de su activismo. El libro se compone de diversos relatos que tienen en común la necesidad de la autoafirmación de la mujer, y la liberación por sus propios medios. En sus escritos la mujer ocupa el lugar central: la vida familiar, el casamiento, los hijos, la juventud, las lecturas y la formación cultural. En Cabezas de mujeres, publicado en 1923, estableció diversas descripciones y clasificaciones sobre las mujeres que intentaron romper los mitos establecidos alrededor de ellas.

En los diez años que van de 1929 a 1939 publica cinco libros: Mosaico (1929), La grúa (1931), Tizas de colores (1932), Cartas a las mujeres argentinas (1936) y Nuestro Hombre (1939). En sus libros Herminia Brumana bregó por los derechos de las mujeres, el amor libre, el derecho al divorcio, la justicia social sobre todo relacionada con las dificultades de los niños pobres para cursar la escuela, etc.

Legado de una activista política

Herminia escribió nueve libros y once obras de teatro, tres de ellas estrenadas. Colaboró en Mundo Argentino, El Hogar y La Nación, entre otras publicaciones periódicas. Participó activamente tanto en las filas anarquistas como socialistas, aunque sus ideas se acercaban más hacia el anarquismo, considerándose discípula de Rafael Barret.

En los años 30, Herminia se dedica también a participar en la campaña de liberación de «los presos de Bragado», tres jóvenes anarquistas (Pascual Vuotto, Reclús De Diago y Santiago Mainini), a los que se torturó y condenó por homicidio en 1931 a sabiendas de su inocencia.

En 1941 comienzó a trabajar en la Escuela para Adultos Nº6 (Fitz Roy 171, actual Escuela 12; DE14), de la Ciudad de Buenos Aires, como maestra en la materia Práctica de escritorio. Luego de su muerte, la escuela recibió el nombre de «Herminia Brumana».

A su muerte se organizó la Sociedad Amigos de Herminia Brumana que editó sus Obras completas en 1958, y al cumplirse los diez años de su fallecimiento, publicó Ideario y presencia de Herminia Brumana.

Diversas calles, plazas, bibliotecas y establecimientos educativos de la Argentina llevan su nombre.

Obras:

Prosa

Palabritas, 1918.

Cabezas de mujeres, 1923

Mosaico, 1929

La grúa, 1931

Tizas de colores, 1932

Cartas a las mujeres argentinas, 1936

Nuestro Hombre, 1939

Me llamo niebla, 1946

A Buenos Aires le falta una calle, 1953

Teatro

La protagonista olvidada, 1933

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