berni 8 febrero, 2015

Esta es la crónica de nuestra presencia como público en al gran noche de agosto de La Notte della Taranta 2014, en la ciudad de Melpignano, provincia de Lecce, extremo sur-este de Italia.

A modo de presentación

Asistimos al concertone final de esta gran muestra de música y danza del Salento.

Varias impresiones que difícilmente puedan olvidarse para estos dos argentinos. Por un lado la magnitud de la convocatoria y del concierto en lo cualitativo y en lo cuantitativo. Más de 50 artistas en escena mas de… ¿quién sabe? ¿100 mil personas? ¿150 mil? Es difícil saberlo. Lo que sí se sabe, se palpa, se puede oler, es que La Notte della Taranta podría ser un montón de cosas pero fundamentalmente es una mega fiesta popular que se actualiza, que es siempre inclusiva con la juventud, y que sin remordimientos, acepta esa interpelación con ganas, demostrándolo con el apoyo etario masivo al festival.

El festival se realiza durante 18 días por muchas localidades del Salento, a modo de festival itinerante, y cierra con un concierto compuesto por un seleccionado de músicos locales a quienes se le agregan invitados internacionales que enriquecen la propuesta con sonoridades foráneas pero no lejanas a la cultura salentina.

Este concierto final o concertone, se realiza en Melpignano, un pequeño pueblo que hospeda siempre ese evento y sin duda es transformado por este.  Acá pueden verlo

Melpignano…

Es el nombre de una localidad de 14km2 que tiene 2200 habitantes habitualmente, y que para sorpresa de muchos, en cada Agosto recibe visitantes que se calculan 70 veces la cantidad de su población estable. El evento se realiza en una plaza ubicada a 500 metros del centro del pueblo, hacía el sudoeste.

Muchos habitantes de zonas aledañas se quejan del negocio que se armó alrededor del festival, cosa que para ellos desvirtúa la tradición popular. No sabemos cuanto de cierto hay, pero dicen que la venta de los enormes carteles publicitarios y la transmisión de la RAI es lo que justifica al concertone, además de los negocios asociados: la movida hotelera, y la venta ambulante de instrumentos, comidas, alcohol, souvenirs, etc. En cualquier caso, a la organización del evento no le falta nada!

Avatares de un recital

Sin duda varias veces habíamos visto por internet desde Buenos Aires varios de los conciertos de años anteriores de La Notte della Taranta, que se realiza desde el 1998. Cada una de esas ocasiones donde veíamos que se publicaban nuevos vídeos de lo que ya se transformó desde entonces en un megafestival, albergaba en nosotros un inalcanzable deseo de estar ahí, pero ni de casualidad se nos hubiera ocurrido que ese deseo se iba a poder realizar alguna vez!

Habíamos recorrido la Italia de sur a norte y de norte a sur,  cuando estuvimos por primera vez en el Salento, hospedados por la gran Úrsula, violinista de Compagnia Musicante, ella de origen suizo (la emigración salentina hacia Suiza fue muy significativa), pero ya radicada en la provincia de Lecce hace varias décadas. Incluso estando en esa hermosa tierra con amigos salentinos excepcionales, jamás habíamos pensamos en La Notte della Taranta, porque era junio y estábamos lejos del 25 de Agosto (la fecha del concertone) y porque no sabíamos bien si iba a merecer una visita a tan gran evento.

El destino del viaje nos llevó del Salento a Bari, al norte de la Puglia, de ahí más al norte, a Sant’Angelo in Vado, hogar del queridísimo poeta Gastone Capelloni, que había programado un concierto nuestro en su pueblo muchos meses atrás. Como si fuera poco el viaje tenía todavía para darnos muchas sorpresas inimaginables luego, en Bettona (Umbria), y en Toscana, o sea cada vez más lejos de esas zonas torridas al sur de la peninsula. Sin embargo finalmente llegó el tiempo de volver al Salento como acordamos con Úrsula, simplemente porque aún quedaba tanta buena música para hacer en las plazas del pueblo, en la casa de amigos…. y así fue. Ya ahí en agosto con las fechas confirmadas del gran evento de la pizzica, La Notte della Taranta nos llamó a si !

La noche de Melpignano

Luego de acordar ir con otros habitantes de Patù, Úrsula la violinista suiza, surcó la noche Salentina con su topolino blanco para recorrer los 50 kms que separan Melpignano de Patù. En el trayecto nos perdimos un poco, producto de la intención de la conductora de ahorrar kilómetros, pero finalmente llegamos sanos y salvos por la SS16 (SS significa Strada Statale, es decir, ruta provincial).

En las afueras de Melpignano, al costado de la ruta había todo un operativo de “guardias de tránsito” que guiaban a los conductores hacia donde dirigirse para estacionar. Una gran y larga avenida de doble mano llamada Strada Statale Adriática, era el gran espacio de recibimiento para estacionar.

Vista del Strada Statale Adriática 

De un lado se estacionaba, del otro, un sinfín de carritos de comida con una iluminación apabullante daban el toque subrealista a la escena. Desde esta avenida no se escuchaba música, ni se veían las luces del escenario. Todavía no se sabía cuan lejos estábamos.

Bajamos los banquitos plásticos del auto que Úrsula propuso llevar -porque el evento siempre se presencia de a pie, sobre un gran campo al estilo de nuestros festivales al aire libre- y comenzamos a caminar los 800 metros que separan la Strada Statale Adriática de Via del Cimiterio calle que como dice su nombre bordea un cementerio y que termina en un gran campo abierto que se llama Piazzale Ex Convento degli Agostiniani. Por supuesto no íbamos solos, éramos una ínfima partecita de una multitud en procesión hacia el mismo lugar.

La calle “de la Libertá” estaba en partes completamente oscura apenas se podían divisar siluetas de miles de cabezas balanceándose de acá para allá, claro síntoma de estar caminando, contrastando con luces de negocios en el horizonte, y en ocasiones había faroles de calle que apenas iluminaban el camino. A ambos costados de la calle había gente sentada charlando, fumando, y/o porque no, bebiendo vino de unas enormes y frágiles damajuanas plásticas de 3 litros (similares a los botellones de 3 lts. de agua que se venden en Buenos Aires), o de botellas de vino de vidrio manufacturadas en la región. Cada 50 metros se escuchaba la música de los vendedores callejeros que con una lampara de camping apenas dejaba ver las pilas de damajuanas apiladas y en esta noche calurosa de verano del sur de Italia parecía que la temperatura alta o baja del vino no era un requisito indispensable para beber estos sustanciosos líquidos.

Video del camino hacía Piazzale

El ver esta venta de vino tan libre,  comenzó a preocupar a este argentino tan experimentado en shows y recitales masivos en Argentina que por prejuicio, por precaución o vaya a saber porqué sostenía testarudamente 2 hipótesis que con el correr de las horas se descartarían:

  • el vino que consumían estos asistentes a la Notte della Taranta era el mismo que el vino barato que se vende a escondidas en los shows y mega-recitales de Argentina
  • el efecto que causaría el vino en los asistentes sería el mismo que al público argentino: violencia

Seguimos caminando unos largos 10 minutos en casi plena oscuridad al ritmo de la multitud, mientras de fondo solo se escuchaba un murmullo, o en ocasiones música de los puestos de venta.

Vídeo de la caminata hacia la plaza

A los pocos minutos nos dimos cuenta que estábamos cerca de la Plaza Ex Convento degli Agostiniani porque los puestos de ventas comenzaban a amucharse más y más, y fundamentalmente, porque las iluminación de la calle cada vez era más fuerte y cada vez había más gente agolpada.

 Mirada 3D de Piazzale Ex Convento degli Agostiniani de día

Así se veía esa noche Sábado 25 de Agosto del 2014

Il 'concertone' finale de "La Notte della Taranta" a Melpignano

El largo camino se hace delante nuestro…

Finalmente llegamos al Piazzale cuando nos tocó una sorpresa más en nuestro azaroso viaje: al entrar a la repleta plaza, la canción que venía sonando desde el gran escenario era interpretada por el admirado Antonio Castrignanò, y se trataba ni mas ni menos que de “Sta Strada”, una de las «pizzicas» que tocamos con nuestra banda SeinTempu. Claudia con una cara de tremenda sorpresa me clavó la mirada como no pudiendo creer que ese muchacho que tantas veces habíamos visto en la pantalla de nuestra computadoras ahora estuviera cantando en vivo esa canción que conocíamos de memoria, justo dándonos la bienvenida a nosotros que ahí, en esa mítica plaza, estàbamos viviendo todo esto para contarlo! La emoción se hizo piel y desde ese momento de cálida bienvenida todo fue alegría.

Aqui pueden apreciar el ritmo hipnótico de Sta Strada cantada por Antonio Castrignanó en el mismísimo momento que entrábamos a la plaza.

Mientras esta canción sonaba por encima de las cientos de miles de cabezas, nos fuimos ubicando cerca del mangrullo donde finalmente nos detuvimos durante todo el concierto. Delante nuestro un grupo de adolescentes marroquíes, no más de 8 o 10, bailaban la pizzica que llegaba desde el escenario pero a su manera, con su forma de danza tribal. Eran hipnóticos sus movimientos. Donde había un tiempo de compás ellos metían 3 o 4 pasos de danza, y en sus movimientos utilizaban contratiempo que no serían fáciles de realizar para quien supiera bailar pizzica pero no danzas provenientes del continente africano! Entraban como en un trance y todos bailaban unos cuantos minutos para luego reírse y comentar algo entre sí. Cuando estuvieron cerca de los vendedores ambulantes (o las sombrillas) compraron agua a diferencia de todo el resto de la multitud de jóvenes quienes invariablemente tenían cerca una o varias botellas de cerveza de vidrio, o una o varias damajuanas de vino.

Pasan las damajuanas y…

En algún momento el alcohol que se vendía como pan caliente debía hacer efecto, pensaba este argentino. Efectivamente fue así pero eso no fue motivo de discordias. Más bien fue motivo de pequeñas risoteadas. Para muestra basta un botón: un muchacho saltaba frenéticamente con la pizzica cuando, producto de su avanzado estado de ebriedad, cae hacia adelante sobre la pantorrilla de una muchacha y de su novio, provocándoles a estos también la pérdida de la verticalidad. El novio se paró rápidamente, levantó a su novia, y cuando este cronista esperara la tantas veces vista reacción violenta….sorpresa! El muchacho luego de levantar a su novia, levanta al beodo desconocido, le sonríe, lo abraza y le dice “¡uh como estás querido!” y lo deja seguir con su insoportable levedad etílica, ahora nuevamente en estado vertical, y comenzando a caminar para perderse lentamente en la multitud.

Una nota aparte debe hacerse sobre los vendedores ambulantes. En Argentina, en recitales que se hacen en estadios o los gratuitos en espacios públicos, uno como habitué, se ha cansado de ver a los “cocacoleros” con sus bandejas trajinando las masas fervorosas de música, en pos de ganarse el mango. Aqui, en cammbio, era inimaginable para este cronista llegar a ver la venta de alcohol en un festival dentro del predio de un evento musical, y mucho mas inimaginable que los vendedores ambulantes caminaran entre el publico vendiendo alcohol sin problema, mezclándose en el medio de la multitud. Ahora ¿cómo hacen estos muchachos para vender damajuanas en el medio de una masa interminable de gente? Sencillo: venden vino, cerveza, o agua, con un carrito y una enorme sombrilla que los identifica a la legua. El problema es que esa sombrilla también dificulta enormemente la visual de los espectadores para poder ver el escenario o las pantallas gigantes. Sin embargo, a nadie parecía molestarle! Si observan el vídeo que subimos de Castrignanó cantando Sta Strada verán las mencionadas sombrillas.

Luego de un sinfín de canciones y más de 5 horas de show finalmente los músicos saludaron y dijeron “hasta el año que viene” y casi toda la gente comenzó a desmovilizarse. “Casi todos” porque muchos se quedaban para tocar en el “cerchio” (círculo de tamburellos), en la plaza debajo del escenario, que es donde comienza “la verdadera fiesta”, dicen algunos o la razón misma de concurrir a Melpignano esa noche, sobre todo para los que son locales y no turistas. Nuestros pies, nuestros cuerpos, no daban para más y decidimos comenzar la retirada. Claro que antes de llegar a las inmediaciones del auto había que volver a caminar los 800 metros que separaban la Plaza del automóvil de Ursula. Y claro que no pudimos no  detenernos a saborear alguna de las delicias que vendían las iluminadas «bancarellas», como por ejemplo los khebabs de sabroso pan árabe rellenos de verduras y carnes.

El concierto de La Notte della Taranta 2014 había terminado, y siendo casi las 4 am solo se veía gente sonriendo y festejando mientras se acercaba a los autos con el recuerdo de las melodias cantadas y tocadas arriba y abajo del escenario. Nosotros no podíamos dejar de pensar en la tremenda magnitud de la plaza, ocupada por un imponente número de personas que mientras los músicos sonaban arriba del escenario, golpeaban sus percusiones a veces a ritmo, otras al compás propio, y sino bailaban y saltaban sin cesar. Hermosa experiencia que se deberá repetir para saber cuanto de lo que vivimos fue casual y cuanto es parte de costumbres locales que se vienen repitiendo como un imperdible ritual !

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