Claudia Acuña 9 diciembre, 2019
Daniela en acción

Allá por la década del ’70, una joven mujer de nombre Daniela Mandrile, piemontesa de la provincia italiana de Cúneo, comienza a investigar y codificar los pasos de las danzas tradicionales de su tierra que ya pocas personas recordaban. Su lugar de origen son los valles Occitanos, y los comienza a recorrer en su vieja y pequeña moto hasta el rincón más recóndito de esas aldeas, sola o en compañía de su novio músico, Sergio Berardo. Pronto sistematiza su enseñanza y decide dedicarse de lleno a la difusión de las danzas que forman parte esencial de su rica cultura: un universo que en aquellos años parecía destinado a desaparecer con los últimos ancianos memoriosos.

Desde entonces, lleva más de 30 años dictando centenares de cursos, transmitiendo este acerbo cultural a decenas de miles de personas de todas las edades, tanto en su provincia natal como en Francia y España. Gracias a sus enseñanzas, innumerables cantidades de entusiastas comenzaron a amar y practicar las danzas occitanas, asegurando así también un futuro promisorio a la música y la lengua que aún se habla allí después de siglos.

En estos años, Daniela fue eligiendo cuando salir del área geográfica de los valles donde estas danzas nacieron y sobrevivieron, para aceptar las propuestas de enseñar en otras localidades o países.

Es entonces que esta bailarina puso en juego un criterio que ella describe asi:

«No se trata ni de embalsamar una cultura viva, ni de imitar de manera lastimosa o banal, el modo de bailar de los ancianos, o sea aquellos portadores -a veces reacios, a veces entusiastas- de esta cultura para los nuevas generaciones«

Lamentablemente, este es un error frecuente en el mundo de las danzas que se transmiten desde un pasado mas o menos cercano. De hecho, la intención de mantener intacta la tradición, se vuelve en contra de si misma, al cristalizar algo vivo, algo vibrante.

«Si así se hiciera, se estaría distorsionando esa cultura. No se puede simplemente copiar la exterioridad de la misma en el contexto actual, porque en el presente, ese pasado esta innegablemente modificado«

Bodas de plata de Daniela Mandrile con Occitania y sus danzas.

El 7 de noviembre de 2009, Daniela recibe una distinción denominada Targa Mestre, que se reserva a una personalidad destacada en alguna actividad. Este merecido magister fue entregado por sus 25 años dedicados a la difusión la cultura occitana, un rol que se resume como el de transmisora de danzas que no constan sólo de pasos, sino que están ligadas de manera indisoluble al espíritu occitano que le otorgan una particular unidad, aquella entre tradición y cultura.

Este reconocimiento fue entregado al comenzar la temporada 2009 con el tradicional festival de inauguración llamado Invernada, a cargo del grupo musical occitano Lou Dalfin, liderado por Sergio Berardo. (A propósito del nombre de este grupo musical en la lengua D`Oc, remite a El Delfinado, la antigua provincia del sureste de Francia.)

Este premio evidentemente no fue sólo a una «insegnante«, sino a quien por décadas nutrió el entusiasmo de decenas de miles de simpatizantes que en sus comienzos se acercaron ya sea a la música de los Lou Dalfin, o que se interesaron por el espíritu de la danza y así conocieron también a la agrupación que hoy más participantes atrae en sus multitudinarias presentaciones.

Ese entusiasmo está en la base del modo en que Daniela enseña estas danzas. No son los pequeños grandes pasos de baile los que cuentan, sino la diversión misma que funciona como una fuerza capaz de unir a la gente y mantener vivo así el patrimonio cultural y la tradición.

Con motivo de una entrevista por el premio que recibiría, Daniela cuenta como pronto le llegaron propuestas para enseñar más allá del área geográfica de sus valles, en otras provincias -como la cercana Liguria- y también en Francia y España. Fue allí que se planteó con más claridad el criterio de no intentar embalsamar una cultura viva imitando de manera banal y muchas veces lastimosa, los modos de bailar de los ancianos, – a veces reacios, en otros casos entusiastas – portadores de la cultura para las nuevas generaciones. De hecho, la intención de mantener intacta la tradición, se vuelve en contra de si misma, al cristalizar algo vivo, algo vibrante. «Si así se hiciera, se estaría distorsionando esa cultura. No se puede simplemente copiar la exterioridad de la misma en el contexto actual, porque en el presente, ese pasado esta innegablemente modificado.»

Habiendo llegado a conocer con toda la profundidad posible, el que, el cómo y el porque en una area se bailaba de determinada manera, Daniela entendió que había que brindar el suficiente espacio a la agilidad y la energía de los bailarines y las bailarinas de hoy, que ya no tienen el esqueleto marcado por la fatiga del trabajo típico del montañés de hace siglos. Era necesario también extender el rango de las danzas, integrándolas con las que provienen de otras provincias vecinas.

Fiesta occitana

El área donde ella vive estrictamente hablando, esta compuesta por 14 valles piemonteses, que forman un arco delineado por los Alpes Marítimos, las Graie, las Cozie, en la frontera franco-italiana, y poblado por 200 mil habitantes. La cultura Occitana se extendía a los valles de España oriental y del sur-este de Francia.

Hoy esos valles no están asilados como antaño, cuando la gente no se trasladaba en automóvil, ni se comunicaba por radio, tv o Internet. Hoy los participantes de sus talleres, que llegan por autopistas y motorizados, están dispuestos a cruzar las barreras y ampliar sus horizontes para abarcar danzas de otras culturas.

Entre las ofertas de talleres de toda Italia, hoy se ofrecen las llamadas «danzas internacionales«, que atraen a cientos de miles de participantes, entre italianos y residentes de otros países. Sin embargo para Daniela estas son búsquedas extremas y aunque su repertorio a través de los años se hizo muy extenso, se rehúsa a enseñarlas. Por otro lado, no está dispuesta a mudarse siguiendo una mejor oferta monetaria, por la vanidad que a veces viene aparejada después de tantos años de investigación y divulgación. En otras regiones, como en Liguria, una franja de tierra con salida al mar, al sur del Piemonte, su profesión podría tener una perspectiva muy atractiva, pero hasta ahora, eso no tentó a Daniela!

«Un casamiento» con la cultura occitana

A los 6 años, en las fiestas pueblerinas, aprende un número de danzas de su tierra que, para el momento histórico, se le hacia bastante reducido. Nosotros lo atribuimos al auge de músicas y danzas «extranjeras», sonando en las radios y la televisión, desde movidas que en todo el mundo se conoce como la industria discográfica que representó San Remo, por ejemplo. Es así que la tradición se estaba perdiendo.

Ella también responsabiliza de esa situación, a los que habían estudiado, recogido, y tomado muestras de las danzas, tratándolas como piezas fósiles.

A fines de la década del 70 se lleva a cabo un renacimiento de esta cultura que se dio en llamar «movimiento occitanista«, originado en gran parte por el empuje de su compañero, el músico Sergio Berardo, junto a quien realizaron su viaje de bodas en la Occitania francesa. Fue un tour muy especial, ya que incluyó talleres de música con ancianos que en algunos casos se acercaban a los 100 años de edad, con ejecutantes de oboe, o con los músicos del Conservatorio Occitano de las Artes y las Tradiciones de Toulouse.

Alli conocieron por ejemplo, entre los tantos participantes, al músico Alain Flutard, que fuera luego Premio Mestre 2007. Con la hija de otro maestro, aprendió todas las bouree de 3 tiempos, cuando nadie conocía entonces ni la de 1 ni de 2 tiempos, y tampoco otra danzas como el rondó.

Sus ansias de aprendizaje la llevaron por toda la Occitania francesa, en italiano llamadas Guascogna, Avernia, Limosino, etc…

Hay danzas convenientemente «importadas«, como la vraie o la bourre de 3 tiempos que se baila entre 2 personas, mientras que para otras danzas hacen falta 4, numero de bailarines y bailarinas que no siempre era posible lograr. Hubo otra joyitas locales para rescatar y resucitar, y de eso se trató por años la investigación.

Un anciano le podia transmitr los secretos de la corenta del valle Germanasca, pero la localidad donde éste señor vivía no era fácil de visitar y los suegros de Daniela no le permitieron llegar allí bajo las inclemencias del clima, en su único medio, la motito. Su madre entonces le regaló un viejo Fiat 500, y fue así que visitó a ese anciano, quien par esa ocasión estaba entretenido cocinando un conejo. El señor se ofreció a enseñarle la corenta de su localidad, a cambio de que ella controle la cocción, revolviendo con un cucharón y sin dejar que se pegue el contenido de la gran olla. El anciano así accedió a hablar y mostrar también otras danzas de su repertorio. El premio de esa jornada fue Polenta y Conejo!

En Val Varaita tocó en aquella oportunidd el gran Joan Bernardi y con la hija de aquel, recorrieron kilómetros en las Landas detrás de un compositor de rondó. Eran tiempos en los que los jóvenes artistas eran tildados de hippies, gitanos o ladrones de niños. Grabar en vivo un tema tradicional titulado Perigurdino, resultó una empresa fallida, pues después de desplegar una ardua logística, el acordeonista se rehusó a ejecutarla. Los y las jóvenes supuestamente hippies eran mucho mas serios que aquellos que los miraban con moralina!

En este punto nos permitimos hacer una pequeña digresión, para referirnos a la curiosa acepción de perigurdino, o perigurdín en nuestra lengua lunfarda, aquella surgida en Buenos Aires en la época de la gran inmigración italiana.

Quien vino al encuentro de esta palabra fue el linguista y miembro de la Academia Porteña del Lunfardo, Sabatino Annechiarico.

Lou Dalfin, los herederos de la cultura occitana

Las fiestas animadas por la música de Lou Dalfin -podemos decirlo por haber presenciado allá por el 2014 en una noche de verano al son de su imponente embrujo en la ciudad de Cuneo- provocan una inmensa alegría compartida. Es allí que se experimenta la necesidad de la gente de activar sus ganas puras de contacto, de avivar una verdadera energía que es la «alegría de vivir» occitana, la quintaesencia de la cultura tradicional.

Al igual que en varios festivales tradicionales en el mundo, los occitanos, tambien inauguran momentos de la vida campesina, como el verano o el invierno, y tambien se distinguen hoy por ser frecuentados por personas de todas las profesiones y edades, reunidas para compartir bailes no solo como espectadores sino también como actores.

El ejecutante de la ghironda y compositor, Sergio Berardo, escribe en la Langue d`Oc, la lengua de los trovadores. Para curiosidad de los lectores, Daniela nos agrega que en la Divina Comedia, la parte del Purgatorio donde Dante Alighieri encuentra al trovador de la Provenza, Daniel Arnaud, fue escrita en la antigua lengua de Oc.

El universo de las danzas Occitanas y de otras tradiciones.

Habiendo aprendido apenas un puñado de estas danzas, nos preguntamos siempre por el origen geográfico de las mismas, por sus nombres afrancesados: gigó, bouree, chapelloise. De una de las mas representativas, la Courenta, Daniela dice con total honestidad:

«En los 14 valles occitanos de Italia, no sabemos de dónde viene nuestro baile. Lo cierto es que se ejecuta en innumerables variantes melódicas y se baila de varias maneras según el valle de origen.»

En los países vascos, Daniela tiene alumnos como el excelente bailarín y músico del grupo Patxi eta Konpanía, quien dice:

«Cada época ha tenido una contribución de bailes de otros lugares para el entretenimiento de la gente: Fandango, Quadrille, Polka, Waltz, Tango, Paso, Madisson, Java, etc. Algunas de estas danzas, después de varias generaciones, han integrado el repertorio y las costumbres de una región. Hay bailes presentes a principios del siglo 20, (Scottish, Mazurka), los hay geográficamente implantados en culturas (Bourrées, Courenta) y danzas colectivas de los famosos mezcladores Círculo circasiano, Chapeloise. Es posible retroceder en el tiempo y buscar el origen de las danzas, pero solo unos pocos siglos atrás. Afortunadamente para nosotros, los investigadores se han reunido en todas partes antes de que la última generación de campesinos de la fase de pre-industrialización desaparezca. «

Aquí un link para quien se interese más sobre Paxti eta Conpania y las danzas.

Un argentino compañero de danzas

Al participar de un evento al aire libre con música danzas y polenta entre occitanos del Piemonte, se nos habló de un tal Nino, argentino que había vivido y bailado entre esas montañas y valles. Se hizo un homenaje a él en nuestra presencia, y se nos entregaron remeras con su cara, en un clima de gran emoción.

Ahora en este entramado de personas de lugares tan distantes y distintos pero aunadas con una hermosa cultura como la occitanas, un momento emotivo que une a Daniela con Argentina y que en su próximo viaje adquirirá aun mayor profundidad al recorrer la tierra de donde emigró el mismo Nino, Antonio Borsotto, quien fue alumno de Daniela en danzas occitanas, y resultó ser un eximio bailarín de otros estilos también.

Su danza favorita fue el fandango, pero bailaba muchas otras danzas del mundo. Fue Daniela quien lo instó a seguir su camino y no quedarse con lo que ella tenia para darle. Nino siempre fue agradecido a su maestra, y volvieron a bailar juntos después de un largo tiempo de no verse. Lamentablemente Nino falleció el 11 de abril de 2009. Su sueño era volver a Argentina. Daniela pasará fin de año y comienzo del 2020 en la tierra donde se habla y se baila el lenguaje de Nino Borsotto.

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