Claudia Acuña 11 julio, 2016

 

Potosí
Potosí

Una de las pretensiones de la revista Mediterruño es la de tender redes para el entendimiento de la relación entre el mundo de los oriundos de la Europa Mediterránea (mal llamado Viejo Mundo) y el de los habitantes nativos de estas tierras de America del Sur (mal llamado Nuevo Mundo). Nuestro objetivo al analizar esa relación es ir desarmando capa a capa, fragmento a fragmento, el eurocentrismo con el que todavía se administran bienes materiales e inmateriales en este lado del Mundo, y desde el cual se vierten opiniones las cuales niegan rotundamente que en America se haya producido un genocidio, afirmando que los nativos murieron, en cambio, por su debilidad frente a enfermedades y hasta por causas climáticas.

Se trata de un encuentro/choque entre Mundos, que probablemente ya se habia realizado antes de 1492, quizas cuando en la antiguedad, a decir de varios historiadores, entre otras incursiones, fueron los barcos Fenicios que nos visitaron. Sin embargo nunca antes este desembarco habia significado la llegada de una potencia violenta como la España de la Inquisición, en nombre de una civilización con afán expansionista y en los albores de lo que sería una posterior revolución industrial. Potencia española que bajo el pretexto de una misión evangelizadora, viniera a aniquilar los humanos de aqui para enriquecer las finanzas de allá!

La economía colonial

El sistema colonial que a partir de 1800 llevó a una necesidad cada vez más urgente de sublevación, fue basado en una economía que internamente desarrolló un mercado de importación y exportación de productos y servicios destinado a enriquecer a la España europea a costa del más grave saqueo de la historia Americana. Por un lado, la burguesía comercial española forzó a indios, mestizos y criollos pobres a la compra forzosa de diversas mercancías importadas, mediante créditos e intereses de cuyas  ganancia se financió el florecimiento de la minería, industria textil, ganadería y agricultura que a su vez impulsaron una producción exportable. Se repartía a un precio multiplicado toda clase de mercancías, en su mayoría superfluas para los indios. Se repartía no lo que ellos necesitaban, sino lo que al comerciante español (corregidor) se le ocurría. Los indios se vieron imposibilitados de pagar sus deudas. El hartazgo pronto generó rebeliones que llevarian a las motivaciones para declarar, décadas después, la Independencia de Bolivia, Argentina, Ecuador, Perú, y toda Hispano America.

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Las declaraciones de agravios, gérmenes de Independencia

Hemos querido publicar íntegro el documento «Agravios del Alto Perú», también llamado La rebelión de Juan Bélez de Córdova, a propósito de la conmemoración esta semana de los 200 años de la Independencia Agentina (de las entonces Provincias Unidas del Sur).

Casa de la Independencia donde se llevó a cabo el Congreso de Tucumán, Argentina
Casa de la Independencia donde se llevó a cabo el Congreso de Tucumán, Argentina

Reproducimos entonces este manifiesto como justificación de los argumentos contra la dominación Española, y clara muestra del ansia de rebelión que, si bien en 1739 fracasó y llevó a la ejecucion de Juan Belez de Cordova, es la misma ansia que logró una masa crítica para 1816. Es además el mismo anhelo independentista que en el siglo 21 nos encuentra despiertos, en una una región que aún muestra las «venas abiertas» de Eduardo Galeano y que no nos permite distraernos del saqueo de recursos naturales que se está llevando a cabo con el sufrimiento de hermanos y hermans. 

El gran historiador Felipe Pigna nos guiará para un mejor entendimiento de este documento de 1739. En uno de los puntos, por ejemplo, alli se proponía la Restauración Incaica, un evento  que podría haber cambiado la historia y que merece un articulo aparte, ya que se relaciona al levantamiento de Tupac Amaru. Por ahora pensamos que una conclusión superficial acerca de cómo anduvieron las cosas en nuestro continente, podría ser pensar que para 1700  ya se habia producido la aniquilación de la civilización, cosmovisión y dioses incaicos, y que por lo tanto el nuevo sistema que Juan Bélez de Córdova anhela, no significaba una radical ruptura con el conquistador desde lo religioso, pues este rebelde habla con una gramática altamente «evangelizada». Sin embargo es gracias a Felipe Pigna que nos posicionaremos en la perspectiva correcta: si el autor no hubiera invocado en ese Manifiesto de Agravios la protección del dios español, hubiera significado cometer un suicidio, una autodeclaración de herejía bajo la Inquisición que operaba en tierras americanas.

¿Arrepentidos del siglo 21?

Hoy en la semana del Bicentenario, a 200 años exactos de aquel Julio 1816 de la declaración de la Independencia de las Provincias Unidas del Sud, amanecimos con la presencia del Rey Juan Carlos I de España en los festejos. Sí, el mismisimo chozno, hijo del tataranieto de Fernando VII. Está claro, para millones de argentinos, que con estos gestos se pretende instalar una peligrosa historia oficial que dice expresar un sentimiento culposo hacia la monarquia absolutista y colonialista de ayer. Es la misma minoría que imponia tributos en la colonia, que importaba y exportaba a favor de la conservación de privilegios para pocos, y por lo tanto represora de movimientos libertarios. Hoy, con  un vergonzoso discurso ceremonial que fue un pedido de perdón a la Corona, se coloniza una vez más esta parte de América, a contramano del coraje manifiesto en tantos actos heroicos y emancipadores de hombres y mujeres Americanos, a lo largo de 5 siglos.

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Finalmente, aqui reproducimos íntegro el actualísimo Manifiesto de Agravios de Oruro, con las partes que resultan ilegibles, agregando más abajo, las observaciones del gran historiados argentino, Felipe Pigna:

EN LA CIUDAD DE ORURO – ALTO PERÚ –

AUDIENCIA DE CHARCAS DEL VIRREINATO DEL PERÚ

08 de julio de 1739 

«Manifiesto en que se hacen patentes las razones que asisten a los criollos ilustres de estos nuestros reinos del Perú, así españoles como pobres indios y naturales que siendo legítimos señores de la tierra, unos y otros, nos vemos oprimidos de la tiranía, viviendo con sobresalto y tratados y poco menos que (como esclavos), por lo cual, y por ver si se puede salir de tamaño cautiverio, se propone las razones siguientes para forzar los ánimos y que sacudan el yugo de sus serviles, siendo los puntos siguientes:

– Sabido es como el Pontífice Alejandro VI, dio permiso a los Reyes de Castilla para que sembrasen la semilla del Santo Evangelio en estos reinos, convirtiendo al (ilegible) de la Santa Madre Iglesia, la infidelidad. Y pasados los españoles a él, se convirtieron por su codicia a la tiranía, degollando a los reyes y naturales de ellos, usurpándoles no solo las vidas, sino todos sus haberes y tierra con cuanto estas fructifican.

– No contentos dichos españoles con lo arriba dicho, tienen tan oprimidos a los pobres naturales que, fuera de pagar tan crecidos tributos, anualmente los precisan a que personalmente ocurra a mitar (1) en los minerales de Potosí y Guancavélica, todos los años, como sobre 10 mil indios a cada uno de estos minerales que resulta que estos miserables no gozan de la vida, de sus mujeres, de sus haciendas, ni ganado, porque violentados se ven precisados a dejarlo todo, y muriendo los más en tan rígidos destemples, quedan los pobres hijos huérfanos, las miserables mujeres viudas, sus ganados perdidos, las casas desamparadas y los pueblos destruidos.

– A que se agrega que pasando a estas nuestras tierras los guampos (2) sin más que sus cuerpos, nos usurpan de tal modo que nos chupan la sangre, dejándonos tan desustanciados que solo nos queda la boca para quejarnos, siendo entre ellos más honrado el que más roba y más tiranías ejecuta y como el recurso se ve tan lejos y las Audiencias superiores, que debían amparar al desvalido, no solo no lo hacen, sino que antes favorecen la sinrazón por sus intereses, gime y llora el pobre sin recurso ni remedio humano.

– Y para verificar todo lo dicho, véase cuantos arbitrios se dan cada día, nuevamente para sacar dineros, ya queriendo empadronar a los criollos y mestizos para que paguen tributo, como se vio en Cochabamba, pues, porque los criollos se opusieron a tan injusta pretensión, hubo horcas, muertes y destrucción del pobre, con mofa y escarnio que hicieron y cada día hacen los de España de los criollos, tratándolos con vilipendio y desprecio, como se vio , en el Donativo que se acaba de exigir, el que se quedara entablado, perpetuamente por tributo, si los señores criollos no lo reparan con tiempo, siendo el que se ofrece, el más a propósito que se puede discurrir; siendo sus razones las que se siguen, que el autor pide se lean con algún cuidado por los señores criollos y por nuestros caciques y hermanos, para que se esfuercen a procurar por los medios posibles la amada libertad que así lo esperamos: siendo la primera:

– Hallándose en la presente y entre nosotros uno de la Real sangre de nuestros Incas del Gran Cuzco en quinto grado de parentesco y con deseo de restaurar lo propio y volver a establecer esta monarquía. Se suplica a los criollos y a los caciques y a todos los naturales le den la mano para esta tan heroica acción de restaurar lo propio y libertad la patria, purgándola de la tiranía de los guampos que nos consumen y cada día va a más nuestra ruina.

– Promete a los criollos españoles emplearlos en las conveniencias del reino, según se mostrasen fieles, y a los caciques, honrarlos como es de razón por los señores de la tierra, adelantándolos en conveniencias, librando a los naturales de Tributos y Mitas para que gocen en quietud lo que Dios les dio y se alcen con lo que tienen recibido de repartimientos de los corregidores, cuyo nombre tirano se procurará de nuestra república.

– Se ofrece en la presente para intentar esta empresa, el motivo de hallarse el Rey de España en guerra con el Portugal e Inglaterra por lo que mira a Europa, y en este reino los navíos embarazados en los empleos y la armada de Porto Velo, y por eso sin gente ni armas en Lima, siendo esta ocasión la más a propósito que imaginarse pueda y así, señores criollos y hermanos y queridos Caciques y mis amados naturales, manos a la obra, que de parte tenemos la justicia y el favor de Dios, Nuestro Señor que nos ha de amparar en tan justa demanda, protestando a todos y cada uno de por sí, que nunca es ni será mi intención oponerme a la santísima ley de Nuestro Señor Jesucristo, ni apartarme ni permitir sea parte ninguno del gremio de la Santa Iglesia, antes sí procurar cuanto fuera de mi parte el aumento de ella, no permitiendo se profanen los templos de Dios, ni las casas sagradas, antes sí venerarlas como ellas merecen y los cristianos tenemos de obligación, siendo mi única intención restablecer el gran imperio y monarquía de nuestros Reyes antiguos, reservando para la vista de cada uno de los nuestros, otras muchas razones que no se pueden fiar de la pluma, previniendo a nuestros hermanos que serán todos bien tratados y pagados anticipadamente, que yo quedaré con la gloria de haberlos librado a todos de tanta tiranía; no se firma este papel por excusar riesgos, podrán nuestros criollos darles ascenso y creer a quien lo lleva, que es de los nuestros, Dios los guarde y les dé el esfuerzo que deseo con todos acierto.

(1)MITAR, de MITA:

Por “mita” durante la  conquista española de América se entiende el trabajo obligatorio de servidumbre que se estableció bajo soberanía española, ayudando a desarrollar internamente una economía de mercado con productos y servicios para la España europea. Cada grupo de indígenas aportaba a la corona un número determinado de trabajadores durante varios meses del año. Estos trabajadores eran movilizados de sus lugares de origen hacia las zonas en las que se les requería para diversas actividades.
La mita establecía cuotas laborales que debía cumplir la poblacion nativa indigena al servicio de la clase española mediante el pago de un salario controlado por las autoridades. A los nativos se les deducían de los jornales la cantidad que las personas comprometidas debían pagar por concepto de tributo y el resto se les daba a ellas. La duración de la mita minera se fijó en diez meses dentro de cada año y no se podía exceder de un tercio permanente de la población tributaria para ser destinada a estas labores. A cambio de la fuerza de trabajo y de los consiguientes tributos, el encargado de este sistema, o encomendero tenía la obligación de catequizar en la religión católica a las personas que le habían sido encomendadas. El servicio forzado ejercía una inmensa presión sobre la población, causando mucho daño y cientos de miles de víctimas mortales, sobre todo entre los trabajadores en las minas como la de Postosí. Esto obligó a la corona española a llevar esclavos negros al Virreinato para ser esclavizados de la misma manera.
  (2)GUAMPO. (Del aimara juampu, canoa.) m. Chile. Embarcación pequeña hecha de un tronco de árbol.
Juan Velez Cordoba. Sus prematuras ideas libertarias lo condujeron a ser perseguido, capturado, torturado, sentenciado y ejecutado en la plaza principal de Oruro antiguo Alto Perú y actual Bolivia, por lo que se le considera un precursor ejemplar de aquellos tiempos libertarios.
Juan Velez Cordoba. Sus prematuras ideas libertarias lo condujeron a ser perseguido, capturado, torturado, sentenciado y ejecutado en la plaza principal de Oruro antiguo Alto Perú y actual Bolivia, por lo que se le considera un precursor ejemplar de aquellos tiempos libertarios.
Autor: Felipe Pigna – De: EL HISTORIADOR

El 8 de julio de 1739 fue frustrada (gracias a una traición) una de las tantas rebeliones contra el poder español silenciada por los vencedores y sus escribas. Ocurrió en Oruro (actual Bolivia), 40 años antes que la de Túpac Amaru y fue encabezada por el mestizo Juan Bélez de Córdova. El intento rebelde era fruto de arduos trabajos de concientización de Bélez en sus largas recorridas por el Altiplano y el sur del actual Perú, al cabo de las cuales lanzó un “Manifiesto de agravios”. En ese texto decía que claros derechos a la resistencia “asisten a los criollos ilustres de estos nuevos reinos del Perú, así españoles como pobres indios y naturales, quienes siendo legítimos señores de la tierra unos y otros, nos vemos oprimidos de la tiranía, viviendo con sobresalto y tratados poco menos que [como] esclavos, por lo cual, y por ver si se puede salir de tamaño cautiverio se proponen las razones siguientes para forzar los ánimos y que sacudan el yugo de sus cervices, siendo los puntos los que siguen”.

Seguidamente negaba absolutamente el supuesto carácter misional de la conquista de América y denunciaba que los españoles “se convirtieron por su codicia a la tiranía, degollando a los reyes y naturales, usurpándoles no sólo las vidas sino todos sus haberes y tierra con cuanto éstas fructifican”. Proponía, además, el regreso al reinado de los Incas: “Hallándose en la presente y entre nosotros uno de la real sangre de nuestros incas del gran Cuzco en quinto grado de parentesco y con deseo de restaurar lo propio y volver a establecer esta monarquía, se suplica a los criollos y a los caciques y a todos los naturales le den la mano para esta tan heroica acción de restaurar lo propio y libertar la patria purgándola de la tiranía de los guampos que nos consumen y cada día va a más nuestra ruina”.

Este “Manifiesto”, poco y nada recordado en la historia escrita por “los que ganan” (con el sudor y el hambre del prójimo), hace una descripción precisa de qué significaba para los indígenas el régimen de la mita:

“No contentos dichos españoles con lo arriba dicho, tienen tan oprimidos a los pobres naturales que fuera de pagar tan crecidos tributos anualmente los precisan a que personalmente ocurran a mitar en los minerales de Potosí y Guancavelica todos los años sobre diez mil indios a cada uno de estos minerales, que resultan que estos miserables no gozan de la vida, de sus hijos y de sus haciendas ni ganados, porque violentados se ven precisados a dejarlo todo y muriendo los más en tan rígidos destemples, quedan los hijos huérfanos, las miserables mujeres viudas, sus ganados perdidos, las casas desamparadas y los pueblos destruidos.

”A que se agrega que pasado a estas nuestras tierras de tal modo los grupos sin más que sus cuerpos, unos usurpan de tal modo que nos chupan la sangre, dejándonos tan desustanciados que sólo nos queda la coca para quejarnos, siendo entre ellos más honrados el que más roba y más tiranías ejecuta; y como el recurso se ve tan lejos y las Audiencias superiores que debían amparar al desvalido no sólo no lo hacen, sino que antes favorecen la sinrazón por sus intereses, gime [y] llora el pobre sin recursos ni remedio humano.”

La Huancavelica que menciona es una ciudad y un departamento de los Andes centrales peruanos, en cuyas cercanías se encontraba el principal yacimiento de azogue (mercurio), utilizado para el refinado del mineral de plata que se extraía de Potosí. Las minas del cerro Vilca  o, mejor dicho, sus contratistas se cobraron tantas o más víctimas que las del Cerro Rico de Potosí, por la insalubridad de la extracción del mercurio y los frecuentes derrumbes, que para el siglo XVIII hicieron casi imposible seguir la explotación. Al igual que Potosí, a cuya economía estaba estrechamente ligada, Huancavelica fue una ciudad “esplendorosa” para los ricos españoles y criollos, y sinónimo de muerte y miseria para los miles de mitayos que eran enviados a sus túneles y socavones.

Y al modo de otros manifiestos que con el tiempo se harían más famosos, Bélez, tras exponer los agravios, plantea medidas para ponerles remedio. En primer término, propone un gobierno donde criollos e indios vivan en concordia y les promete a los criollos españoles “emplearlos en las conveniencias del reino según se mostraren fieles, y a los caciques honrarlos como es de razón por los señores de la tierra, adelantándolos en conveniencias, librando a los naturales de tributos y mitas para que gocen en quietud lo que Dios les dio y se alcen con lo que tienen recibido de repartimientos de los corregidores, cuyo nombre tirano se procurará borrar de nuestra república”.

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Y concluye, para no echarse encima el anatema de la Inquisición: “Y así, señores criollos y hermanos, y queridos caciques y mis amados naturales, manos a la obra, que de parte tenemos la justicia a favor de Dios Nuestro Señor que nos ha de amparar en tan justa demanda, protestando a todos y cada uno de por sí que nunca es ni será mi intención oponerme a la Santísima Ley de Nuestro Jesucristo, ni apartarme, ni permitir se aparte ninguno del gremio de la Santa Iglesia, antes sí procurar cuanto fuere de mi parte el aumento de ella, no permitiendo se profanen los templos de Dios ni las casas sagradas, antes sí venerarlas como ellas merecen y los cristianos tenemos obligación, siendo mi única intención restablecer el Gran Imperio y Monarquía de nuestros reyes antiguos”.1

Tras ser delatado, Bélez fue detenido y, con la celeridad selectiva de la justicia inquisitorial española, condenado a la horca, según dijo el pregonero por “haber intentado coronarse rey y abonar esta maldad y traición”.2

Referencias:

1 Citado por Boleslao Lewin, La rebelión de Túpac Amaru y los orígenes de la emancipación americana, Buenos Aires, Hachette, 1957, pág. 118.

2 Marcos Beltrán Ávila, Capítulos de Historia Colonial de Oruro, Oruro, s/e, 1925.

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