Claudia Acuña 30 noviembre, 2015

Aqui, leyendo esta selección de poemas de Silvia, y navegando por sus fotos de viajes, talvez logres migrar de la mano de aquella madre argelina – analfabeta- cuyo hijo supo «deletrear» a toda Francia; también sabrás temer el mar de los refugiados como una niña saharahui, llegar a Sicilia por una ventana, mudando ropaje y, junto a un padre, mudar de edad; al fin dejarás que la nave de Ulises  cruce todos tus desiertos, y junto a estos seres Mediterráneos, divisarás Itaca, el más real de nuestros sueños humanos.

 

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La madre de Camus

a crin húmeda olía

el colchón

donde alumbró

una vida de silencio.

Guardó

a su hombre muerto

en campo de batalla,

esquirlas de obús,

postales enviadas

desde el frente.

No conocía de historia,

Francia había sido

una palabra

al otro lado del mar.

Era de la raza de las inocentes,

las que lavan la ropa sucia de los otros

las que limpian los suelos de rodillas

las que planchan el único pantalón del hijo

y encuentran en el bolsillo agujereado

la moneda para el fútbol

del día siguiente.

No piden promesas de amor

ni salvan el mundo

 

callada hilandera

teje por la noche

la mañana

**

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Campo de refugiados

 “este es el desierto más triste

de todos los desiertos, lejos del mar”

Lalia, niña saharahui

 

nacieron en el borde

y los granos de sol

habían sido ya repartidos

las madres los ocultan

bajo sus túnicas marchitas

si acaso por la noche

la tormenta de arena

los arrojara a las fosas

antes de tiempo

son miles

a nadie sorprende

que sean miles

ojos inertes de mirar

donde no alcanzan

 

¿a qué casa volver

si nada regresa?

¿cuándo empieza el mar?

 

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Sicilia, 1996

  había jazmín

en la isla

la canzonetta

entraba

por las hendijas

de la ventana

 

había

un padre

 

dejaba de ser

un soldado ciego

en la primera línea de fuego

 

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Carta a Ulises

 

he visto el mar

j’ai  contemplé la mer

ho guardato il mare

pero no sabré lo que es el mar

hasta que lo nombres en tu lengua

lo llames

mare

mare nostrum

tu mar color del vino, Ulises

regresa ya,

es tiempo de arrojar las redes

rescata nuestros muertos de Lampedusa

y guíalos hacia la Ítaca de tus sueños

 

¿era allí

donde nadie

huye del latido de otro hombre?

donde a la vez que el shofar

anuncia  la luna nueva,

la voz del muecín

quiebra el alba en la kasbah

y las campanas de la iglesia suenan?

 

Ulises, avisa a los hermanos de piel de ébano

que caminarán noche y día la misma calle

sin parar

con sus hatillos al hombro

y no hallarán

el sol de Senegal.

 

Ilumina la nave, Ulises

al pasar por Argelia

pues allí

un hijo del mar conoció la gloria:

el derecho de amar sin medida

 

amar

aimer

amare

***

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silvia tocco

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