Claudia Acuña 7 marzo, 2016

tres caballos deluca

Tres Caballos – Akal Literaria
España, 1999

«Argentina es un triangulo rectángulo que como cateto más grande tiene los Andes al oeste, por lado menor el cateto irregular de los rios al norte, y  como hipotenusa pellizcada el Océano Atlántico al este.

Argentina es una extensión de tresmilsetecientos kilómetros, entre los ventiuno y los cincuentaitres grados de latitud sur. El último zueco de América, compartido con el Chile, a sólo diez grados de la tierra de Graham, cuerno del continente Antártico.

Argentina recibió casi siete millones de emigrantes hasta el 1939.  Alrededor de la mitad eran italianos. Desde 1976 a 1982 Argentina sufrió una dictadura militar que consumió toda una generación.  Al final faltarán en el registro de las personas alrededor de cuarentamil personas casi todas jóvenes, sin tumba.

La dictadura colapsa luego de la invasión fallida de las islas Falkland/Malvinas, algo así como media Sicilia, a más de trecientos kilometros de la costa.  Es la primavera del año 1982. Esta inmensidad de lugares y de sucesos son incidentes occuridos a las personas de esta historia.»

Tres años una verja,
Tres verjas un perro,
Tres perros un caballo,
Tres caballos un hombre.

Asi es que De Luca retoma para este libro una canción infantil de la zona italiana comprendida entre los Apeninos de Emilia Romagna, y con ella empieza a narrar el curso de los dos primeros caballos de la vida de un hombre y de toda una generación. Cuál? La que no se sometió a los abusos,  que salió a las plazas del mundo a gastar su propia juventud para manifestar la urgencia de un cambio, juventud asesinada o envejecida bajo la condena de una carcel eterna. En la novela de Erri de Luca, uno de esos jóvenes, viene a Argentina en los años 70, arrastrado por el amor a una mujer, Dvora, «aquella que seguí hasta convertirme en un hombre más de su país”.

«En la cumbre de la montaña, Dvora me da un beso y me llama novio, esposo. Y yo me siento más feliz que una perdiz. Y me llama bashérte, que en uno de sus seis idiomas significa: persona destinada para alguien. Y a mi me gusta llamar nombres en el amor y yo también la llamo novia y bashérte. Y dormimos en nuestras bolsas de dormir, cada uno en la suya, pero dejando nuestras cabezas cerca la una de la otra. Y durante la noche viene un choque de craneos de esos que te despiertan, te hacen decir OYOYOY, y que te hacen reir. Amor de luna de miel entre nosotros sucede  sólo en Argentina. «

Cuando la dictadura la mata, él pondrá toda su cólera en la guerra clandestina contra el régimen que asesinó a su amada, «aquel día trágico en el que la meten en un coche, y me la arrancan, y yo me quedo en la calle, doblado por el dolor y los sollozos, como un clavo torcido ……Ahora sé que yace en el fondo del mar, después de que la arrojasen maniatada desde un helicóptero”. Escapando luego bien al sur del continente, para salvarse de la persecución que amenaza su vida, descubre el revés geográfico del mundo: no el límite inferior de las últimas tierras, sino el ápice en que surgen las primeras. De nuestra porción del continente, Erri de Luca afirma que «el sur no debería estar abajo sino arriba, es el sombrero y no los zapatos del mundo».

Y es como hacerle decir que Europa es la antípoda de Argentina.

El protagonista sin nombre de esta novela, apenas logra escapar gracias a su pasaporte italiano, entre capturas y libertades a medias. “Y estoy en el catre de la celda y ya no quedan guardias a la vista, y en otras celdas están gritando de hambre porque no comen ya desde hace días, y luego llega gente para abrir y ya todos parecen ser felices y yo no respiro, pero sé que la muerte me escupe a la cara una vez más”.

En cuanto a Erri de Luca, como sobreviviente él mismo de historias como ésta, ya sea autobiográficas o contadas por otros de su generación, su escritura deja constancia de un pedazo de la historia, pero renunciando a encontrar explicaciones, porque «frente a tanta pérdida de vidas, los porque suenan a justificacione,  fomentan atenuantes” y él no sabe atenuar, pertenece a los que no son capaces de estar frente a una pregunta, pues son parte de lo que queda de una respuesta. Luego del furor combativo de los años rebeldes sobreviene, para muchos de los compañeros de entonces, la lentitud de los pasos encarcelados, y para De Luca el proceder mecánico de los gestos reiterados que encierran las tareas pesadas: pasó dieciocho años como obrero, en un tiempo sin revoluciones, saboreando la condición de ser extranjero. Y es extranjero el jardinero sin nombre, protagonista de esta novela, que habiendo dejado tan atrás ese amor que lo trajo a Argentina, vuelve a su tierra natal y conoce a otra mujer, Laila, y es sorprendido por ese sentimiento inesperado, “¿yo un disecado vivo?”.  Laila será para este viajero, obrero y jardinero, “un árbol precioso”. Ella le lee el rostro y los pensamientos y quien logra volver a meter el amor en el cuerpo de él, ya no más joven. Y es que en él se leen aun las atrocidades de la guerra. Laila se lo confirma: “pero tu cara está llena de aquello”.

En su condición de extranjero conoce a otro extranjero, Selim, un albañil de color que como èl conoce el valor de la soledad pero también de la necesidad de dialogar, de tener un par, de hacer la diferencia :  “nosotros construimos con agua del cielo».

El emigrante africano Selim, es quien lo salva de quien juró destruir una posible vida con Laila, y Salim sabe que ese obstáculo sólo se quita matando: “Mi segundo caballo yace muerto en la cocina oscura, entre tinieblas”.  La vida del hombre solo dura tres caballos y el jardinero sin nombre ya lleva dos…. le queda uno.

Para finalizar, y a la espera de la llegada a Argentina de Erri de Luca el 15 y 16 de Marzo 2016, reproducimos aquí tan solo algunas de las reflexiones del protagonista/narrador, acerca del tiempo, el aprendizaje que duele, la escritura, los libros:

 «Al futuro no le sirven los verbos, quiere nombres. El futuro le conviene a los adivinos que se enriquecen con las predicciones”.

«Aprendimos el alfabeto, pero no sabemos leer los árboles”.

«También las manos y las nubes, el pelo de los tigres, la cáscara de los porotos y el salto de los atunes a raz del agua, es escritura. Los robles son novelas, los pinos son gramáticas, las vides son salmos, las plantas trepadoras son proverbios, los abetos son declaraciones de la defensa, los cipreses son acusaciones, el romero es una canción, el laurel es una profesía”.

Y finalmente están los libros usados, con sus páginas dóciles porque muy hojeadas, libros que van a buscar un bolsillo interior del saco, en ese lugar del pecho donde un tiempo se guardaba un arma, paáginas que son como papel secante que absorbe el veneno de…

«ese verbo matar que una vez usado queda en el cuerpo por siempre…. y esto tienen que hacer los libros, cargar a una persona, y no dejarse llevar por ella, descargarle el peso del día de encima de los hombros, no agregarle los propios gramos a sus vértebras”.

 

Agradecemos al escritor peruano Abraham Prudencio por su colaboración con esta reseña de Tres Caballos. Aqui su biografía:
(Perú, 1979). Candidato a Doctor en literatura por la Universidad Paris X- Nanterre. Magíster en Literatura General y Comparada por la Universidad Paris III -Sorbonne Nouvelle. Licenciado en Literatura Peruana y Latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Ha publicado La vida no vale nada (relatos, 2005) El día de mi suerte (novela, 2006) Hojas de Otoño (nouvelle, 2009), Atahualpa, el inca que nunca muere (ensayo, 2011) Ella soñaba con el mar (nouvelle, 2012) El olvido de tu nombre (relatos, 2016) Como el último día (poemario, 2016).
Ha dictado conferencias como profesor invitado en la Universidad Paul Valéry-Montpellier 3, Complutense de Madrid y en el Perú en la Universidad San Ignacio de Loyola y en la Universidad Nacional Federico Villareal.
Asimismo colabora en diversos medios literarios. Ha sido finalista del Premio Internacional Juan Rulfo 2008. Radica en Francia. http://abrahamprudencio.blogspot.fr/

 

 

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